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EL GRITO DEL CAMPO
Abril 9, 2008 | Deje un comentario
La crisis que hoy enfrenta a la sociedad política con la gente del campo y muchos otros ciudadanos que se identifican con ese sector de la producción, no ha terminado.
Distintos analistas encontrarán diferentes orígenes de este conflicto y muchos encontrarán como denominador común, un aumento excesivo e inconsulto en las retenciones de la producción de la soja por parte de un Estado cada vez más autista; más firme en la certeza de que su visión parcial de la realidad es la realidad misma.
En mi opinión la crisis es mucho más grave, pues atenta contra el fundamento mismo del sistema democrático, que es la representación de los ciudadanos en el parlamento. Los diputados deberían defender los intereses de los ciudadanos y los senadores a los de las provincias. Nada de eso ocurre. Los legisladores de la mayoría son genuflexos al ejecutivo y aprueban complacientemente lo que este les propone con la esperanza de obtener servicios recíprocos en alguna ocasión. La competencia y los intereses del país en su conjunto se diluyen en alianzas y banderías partidarias. Así este gobierno, que se proclama democrático, se parece cada día más a un régimen dictatorial.
La conciencia ciudadana se ha debilitado, pues muchos individuos se sienten excluidos de una sociedad en la que no participan; en donde quienes deberían defender sus intereses no los representan.
Los ciudadanos no se sienten representados. La gente del campo y muchos otros que los apoyaron denunciaron con sus conductas a una clase política que no tiene más interés que en su propio poder y enriquecimiento.
Las decisiones a adoptar por los representantes del pueblo deberían tener en cuenta en alguna medida las opiniones de los sectores afectados y la legítima defensa de sus intereses
Lo que define a la democracia no es sólo el reino de la mayoría sino, ante todo, el respeto por los proyectos individuales y colectivos
El ejecutivo no puede imponer una concepción de lo que está bien o de lo que está mal. Debería procurar asegurarse que cada ciudadano pueda hacer valer sus demandas y sus opiniones, ser libre y estar protegido.
El gobierno afirma que interviene en la vida económica y social para reducir las desigualdades y asegurar una cierta ayuda educativa, médica, social y económica para todos. En mi opinión, la intervención del Estado no debe ser más que un medio al servicio del objetivo principal: aumentar la capacidad de intervención de cada uno en su propia vida, pues lo esencial que debe procurar un gobierno es la de incrementar la libertad de cada uno de los ciudadanos haciendo que la política sea cada vez, más representativa de las demandas sociales.
La cultura democrática sólo puede nacer si la política se concibe como una construcción institucional cuyo objetivo principal tendría que ser la de combinar la libertad de los ciudadanos y las colectividades con la actividad económica y las normas jurídicas, para satisfacer solidariamente las demandas de la sociedad en su conjunto.
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