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Desmotivadas Fuerzas Armadas
Enero 31, 2010 | Deje un comentario
De nada sirve acumular bienes si la seguridad exterior no se encuentra garantizada. Para eso los países organizados cuentan con Fuerzas Armadas que además, cumplen funciones de apoyo a las decisiones políticas que adopta el estado afianzando su libre albedrío en el concierto de las naciones. Contribuyen también al restablecimiento del orden ante emergencias o desastres naturales, en estas situaciones, dando apoyo y socorriendo a la población. ( Como está ocurriendo en Haití)
Si los argentinos queremos poseer una economía independiente, una política internacional conforme al propio interés, tendríamos que comprender la real importancia del efectivo sostén para el esfuerzo militar en época de paz.
Es natural y comprensible que las naciones, luego de haber conocido los horrores de la guerra, pretendan una eterna paz en el mundo; pero la buena voluntad es una cosa y la realidad objetiva es otra… Las disputas que derivan en algún tipo de agresión se dan en el tiempo independientemente de la voluntad de los pueblos. Por eso más vale encontrarse preparados (fundamentalmente para la disuasión) que no estarlo. Sería una ligereza dejar de lado el famoso “Si vis pacem, para bellum” . Los franceses del año 1940, que no contaban con Fuerzas debidamente alistados a consecuencia de la política imperante en el momento, podrán dar testimonio de ello; agregarán seguramente una cuota de tremendo arrepentimiento.
Parecería que nuestra Presidente y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, Jefa directo de ellas, y que por tal función debería velar por ellas, considera que la preparación para la defensa es una actividad indeseable y desestima la función correspondiente, con su correlato directo en salarios bajísimos. Así, por la lógica necesidad de sobrevivir con otros ingresos el “guerrero” cede el paso al empleado, determinando la pérdida del prestigio del Oficio de las Armas, con la consecuencia de una creciente disminución de calidad y número de postulantes.
Un Militar posee más obligaciones que los demás ciudadanos; además de las normas que rigen para el conjunto de la sociedad, sus leyes y reglamentos particulares lo constriñen. Su familia y él cambian de lugar de radicación cada tres o cuatro años sin cobrar desarraigo, como es el caso del sector legislativo entre otros. Por ello, su función debería tener como contrapartida, el beneficio de una retribución material que le permita vivir en forma austera pero digna, en actividad y en retiro en el nivel medio de la sociedad.
La degradación salarial comienza en el 83, con el llamado desenganche de la Justicia, y continua aún en el presente, con mayor incidencia negativa para el personal de menor jerarquía y en el Retirado que sufre además, una diferenciación sustancial del haber con respecto al que se encuentra en actividad, incumpliéndose de este modo con la Ley Para el Personal Militar.
Sin perspectivas de un retiro con haber digno; sin reconocimientos material y simbólico; sin la posibilidad de entrenamiento en el manejo de hombres y de armas (por falta de medios) y ante la indiferencia de los poderes del Estado, muchísimos jóvenes Oficiales se estén yendo de baja, comprometiendo así la seguridad de las actuales y futuras generaciones.
Hoy un conductor de camiones que recién se inicia, gracias a la intervención del gremio, que no abandonó a sus representados, gana más que un Capitán con quince años de servicio, con título universitario; que tiene bajo su responsabilidad cientos de miles de dólares de material del Estado, (armas, vehículos de combate, equipos de comunicaciones, radares, etc.) y que además se encuentra preparado para conducir personas hasta el sacrificio extremo, incluido el suyo.
Ordenar jerárquicamente las estructuras de La Nación y retribuir sus tareas en relación a la preparación académica y específica que estas requieren; a la función que cumplen para el sostenimiento, desarrollo de la sociedad y presencia a nivel internacional, es tarea insoslayable del gobernante, que no puede quedar librada a las contingencias de una política de caja o de alianza gremial exclusivamente.
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